Que no te pase

(Lautaro Merino, corresponsal,Buenos Aires)

Como notero viví un deja vu. un vórtice temporal en el que, en sus lados, uno podía entre leer -simultáneamente- las premisas de varias décadas. Se encontraba gente pidiendo mano dura, pero que ante una repregunta que ponía en evidencia su bigote, escupía un discurso “progre” barato. Porque allí estamos, inmersos en la repetición de palabras que nos enuncian desde veredas opuestas, constituyendo un discurso esquizoide en el que no se sabe bien qué es lo que se reclama, pero no importa, porque la onda es reclamar, aunque tu premisa sea más floja que la defensa de Banfield.

Es que hoy, está de moda salir a la calle a marchar y ver si algún medio “cool” te da unos 15 segundos de fama. Pero se nota quienes tienen cancha en el arte de manifestar, y quienes lo hacen bajo un hashtag. Porque los de #Quenotepase son manifestantes 2.0, quienes tienen una previa en los medios (esos con estética canchera y que transmiten en HD) desde las 11 de la mañana cuando la marcha se convoca a las 18. Vendiéndotela como una marcha despolitizada que brega por consignas abiertas, inciertas y abstractas que no tienen de fondo un conflicto raíz, ni un responsable inmediato, sino una serie de eventualidades que generan disgusto, pero que son – en esencia- distintas en cuanto a sus causas; y porque son tan amplias que es imposible echarle el fardo al gobierno de turno, y por descarte te queda culpar a los que estaban antes. Pero el bardo- para este humilde periodista- viene por un lado que ningún gobierno supo (ni quiso) resolver del todo.

Inseguridad, educación, justicia. Son conceptos lindos, pero imposibles de abarcar, resolver y alcanzar mediante una sola medida concreta, pues, el mundo no es binario. Pero allí estaban ellos, dándole existencia a los buenos y a los malos, ubicando el mal en personas concretas y el bien en las otras; así, simplificando el mundo en dos tonalidades:sin ubicar matices entre los polos. Sin comprender que la inseguridad es el resultado de múltiples variables, pidiendo por legislaciones más duras en cuanto al castigo, en cuanto condenas, en cuanto a edades inimputables: si a los 13, a los 14, a los 15. Sin preguntarse ¿Qué es lo que hace que un pibe de 13 años llegue a realizar una acción que este sistema percibe como indeseable? ¿Lo hace porque le pinta? ¿Lo hace porque hay un contexto socioeconómico político y social incapaz de darle posibilidades de desarrollo personal? ¿Lo hace porque hay un orden biológico que signa a determinada estirpe a dar a luz a delincuentes?

Aunque suene absurdo, sacado de un sketch de Capusotto, esta última hipótesis es la que aparecía con más frecuencia entre los entrevistados que estos corresponsales encontraron en Entre Ríos y Rivadavia, allí mismo, frente al Congreso de la Nación.

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Gesto. El usurpador de título, Juan Blumberg, entrevistado por Fundación Ceferino Namuncurá mostró el hilo.

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